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Lo que la ciencia está tratando de aprender de las curas “milagrosas” del cáncer

 Rafael J Flores A – Viernes, 03 de Abril de 2015 – Publicado en: Ciencia & Tecnología

 Fue un caso que dejó a todo el mundo sorprendido. Una mujer de 74 años empezó a sufrir un picor que no se iba.

Cuando llegó al hospital, la parte baja de su pierna derecha estaba llena de bultos, erupciones de color morado y rojo.

Los análisis confirmaron las peores sospechas: era un carcinoma, una forma de cáncer de piel.

El futuro de esta mujer pintaba mal. Dado lo extendidos que estaban los tumores, la radioterapia no hubiera sido efectiva. Los médicos tampoco podían extraer los tumores.

La amputación era, quizás, la mejor opción, explica Alan Irvine, médico de la paciente en el hospital de St James, en Dublín. Pero a su edad le iba a costar mucho adaptarse a una prótesis.

Tras una larga y sincera conversación, decidieron esperar mientras evaluaban las distintas opciones.

“Nos dedicamos a observar durante unos meses y los tumores, simplemente, desaparecieron“, dice Irvine.

Regresión espontánea

Después de 20 semanas, la paciente ya no tenía cáncer. “No había duda de su diagnóstico inicial”, dice el médico. “Pero ahora no aparecía nada en las biopsias o en los escáneres”. 

De alguna forma, se había curado sola de una de las enfermedades más temidas. “Todo el mundo estaba emocionado y un poco desconcertado”, explica Irvine.

“Este caso muestra que es posible que el cuerpo elimine el cáncer, aunque es muy poco frecuente”, añade.

La paciente de Irvine creyó en una intervención de Dios: había besado una figura religiosa justo antes de empezar a curarse.

Los médicos, por su parte, están estudiando los procesos biológicos que se encuentran detrás de la “regresión espontánea” para buscar pistas que puedan multiplicar estos casos de curación.

En teoría, nuestro sistema inmune sabe buscar y destruir células mutadas antes de que se conviertan en cancerígenas.

Pero a veces estas células consiguen pasar inadvertidas.

Cuando los médicos han diagnosticado ya la enfermedad, solo uno de cada 100.000 pacientes consigue curarse sin recibir tratamiento.

Hay historias increíbles. Un hospital en Reino Unido, por ejemplo, informó recientemente de una mujer que había tenido problemas de fertilidad durante mucho tiempo. 

La mujer descubrió que tenía un tumor entre el recto y el útero, pero antes de que los médicos pudieran operar, logró concebir.

Todo salió bien y nació un bebé sano. Tras el parto los médicos comprobaron que el cáncer se había esfumado misteriosamente durante el embarazo.

Nueve años después, no hay signos de reaparición del tumor.

Espera agónica

Las recuperaciones drásticas de un cáncer infantil llamado neuroblastoma son muy frecuentes, lo que ofrece algunas de las mejores pistas de lo que puede provocar la remisión espontánea.

El neuroblastoma puede a veces desaparecer tan rápido como llegó, incluso sin intervención médica.

De hecho, en niños de menos de un año la regresión es tan común que los médicos evitan utilizar la quimioterapia inmediatamente, con la esperanza de que el tumor desaparezca por sí solo. 

“Me acuerdo de que tuvimos tres casos con una metástasis en la piel bastante impresionantes y el hígado ya agrandado, pero decidimos simplemente ponerlos en observación y se curaron“, dice Garrett Brodeur, del Hospital de Niños de Filadelfia.

Al contrario que el resto de células nerviosas, las células de los tumores de neuroblastoma parecen tener la capacidad de sobrevivir sin el “factor de crecimiento nervioso”, lo que les permite crecer en partes del cuerpo donde no se encuentra este proteína.

Puede ser que la remisión espontánea se produzca por un cambio en las células del tumor, quizás en los receptores de esta proteína.

Sea cual sea el cambio, implica que las células ya no pueden sobrevivir sin este nutriente esencial.

Si es así, un medicamento destinado a esos receptores podría producir la recuperación en otros pacientes.

Brodeur dice que dos farmacéuticas tienen ya algunos candidatos, y espera que los ensayos comiencen pronto.

Fuego amigo

Cerraba el siglo XIX cuando William Bradley Coley intentaba salvar a un paciente con un gran tumor en el cuello.

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p style=”text-align: justify;”>Cinco operaciones no habían conseguido erradicar el cáncer. Luego el paciente sufrió una infección de piel con una fiebre abrasadora. 

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